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La sorprendente y gozosa evolución de Iker Muniain

¡Va por usted, maestro!

Escrito por Kuitxi

Miércoles, 19 Abril 2017 09:46
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Esta semana escribe en ElDesmarque Kuitxi.

Tomando en cuenta su notoria afición por el mundo de la tauromaquia, habrá que decir que Iker Muniain Goñi tomó la alternativa el 30 de Julio de 2009, en un partido que el Athletic disputó frente al Young Boys suizo en lo que era el choque de ida de la tercera ronda destinada a que el vencedor se metiera en la fase de grupos de la Europa League. La UEFA, vamos, la UEFA de siempre, aquella que Txetxu Rojo inmortalizó al serle hecho un 'robado ' mientras, sentado sobre el césped de San Mames, rumiaba la incomprensión del que, habiéndolo merecido todo, se había quedado a las puertas del cielo por esa maldita regla que, en caso de empate en una final a ida y vuelta, se decanta, y lo sigue haciendo, por el que más amarra en perjuicio del que se mostró más atrevido y descarado.

Norma que uno no entiende, aunque, a fuer de ser  sinceros, supere en el escenario de la justicia a aquella moneda que al aire se elevó con la promesa de que caeria por la cara o la cruz a la que Koldo Agirre se había encomendado al final de los finales de un partido que yo estaba escuchando en la vieja y entrañable radio que en la casa de los sueños tenían mis abuelos.

De Iker Muniain les estaba hablando. Volvamos la vista atrás y llamemos al muchacho para que regrese al regazo de este artículo en el que el periodista tratara de hacer justicia con el "Bart Simpson" de Asis Martín, con el "Potro de la Txantrea" mio y de otros, con el "Young Boys" de ese Athletic al que Jose Iragorri tenía la bendita manía de apodar asi que los leones fueran entrando en escena en la Catedral.

Dieciséis años tenía Muniain cuando Joaquín Caparros, luego de esforzar su vista en las maneras de una tierna camada de cachorros que se recreaba en la hierba de Lezama (aquellos animales que Clemente los confundía con esas vacas que por mucho que se fijaran jamás llegarían  a entender nada de fútbol), se dirigió al capataz de la finca y le dijo, Échale el lazo a esa vaquilla, que la veo con maneras de darle la alternativa de seguido. 16 años, 7 meses y 11 días. El futbolista del Athletic más tierno a la hora de debutar.

Cierto es que Joaquín Caparros, en las cuatro temporadas que "la sangre rojiblanca me hierve en las venas", convirtio la virtud del debut de jugadores en una obsesión enfermiza que le llevó a los extremos de sondear la regional y extraer futbolistas como si lo suyo fuera un pulso con el Guines a fin de convertirse en el técnico con el que más futbolistas vizcaínos se habían enfundado la zamarra de Pitxitxi de seguido a quitarse la que Kepa  del Olmo y  Urko Vera defendían.

Es posible que lo suyo superara la frontera de la obsesion, mas aunque solo fuera por el ojo clínico que tuvo con Muniain para convertirlo de niño en León, de Joaquín Caparros se debería decir que fue el hombre que puso la trova cubana patas arriba en el preciso momento que, tras platica caribeña con Pablito Milanes, consiguió que la estrella azul que el mulato de Yolanda no se atrevía a pedir a su amada del cielo por ella le fuera bajada, así como esa luz que para llenar un espacio que el hombre con ansia necesitaba.

Se dejó ver en Bilbao, junto a Javi Martínez, Vista Alegre, Aste Nagusia, uno de sus amigos y adorables maestros está en el ruedo y de su arte él quiere disfrutar del mismo modo que el que se dedica a ejecutar toros admira al que de fusilar cerberos, o ayudar a liquidarlos, se gana la vida, y otros placeres que no están al alcance de los que no llegamos sino a encandilar a la parroquia jarrillera desde el verde maltratado de La Florida.

Hoy, lunes de Pascua, camino de la montaña palentina cabalgando el tren de La Robla, he vuelto a ver cómo Iker Muniain se imbuye de la cultura minoica junto a Matías Lizarazu, perla de Lezama que se manco dos veces y de las dos resurge a modo de héroe cretense y, a su manera, de luces viste, de luces se retrata junto al "pequeño", como le dice mi compañera de localidad cuando el artista rojiblanco, en pleno ataque a la portería de los primeros tiempos, pareciera que en carrera se quisiera arrojar a nuestros brazos, con balón y todo, a sabiendas de que el arbitro no habrá de pitarle mano por hallarse fuera de los límites del terreno de juego.

Matías Lizarazu y el, visten chaqueta, y zapatillas deportivas, homenaje al golfista Jon Rahm por parte del Lizarazu que no tiene nada que ver con aquel Bixente que de amores lo colmamos y nos termino saliendo rana, a esa suerte de pies de gato Muniain, calzado taurino que tanto tiene de escalador jacobino ("La escalera que Jacob viera en sueños; como pretendiendo alcanzar el cielo") como de zapatos de princesa a riesgo de la quiebra y el castigo de pagar los platos rotos. ¿De qué va esto?...

Uno sabe cómo empieza, y que final le habrá de llegar a esta historia articulesca. Pero los caminos entre la salida y llegada de esta senda, al igual que de la Dios se argumenta, son inescrutables, que es como decir 'inescuchables', porque, quien no lo sabe a esta hora, Dios es mudo, o sordo, terrible silencio el suyo, será que no tiene nada que decirnos.

Aprovechando la  gloriosa fiesta del domingo de resurrección del hijo de un dios y, de la mano, la de la muerte de media docena de morlacos, Iker Muniain y Matías Lizarazu se fueron "Allí, abajo", y a la puerta de la Maestranza se posaron a la espera de poder fundirse en un abrazo con José Mari Manzanares luego de que el ídolo de Muniain se hubiera desprendido del último de los grumos de sangre que el toro le escupió al torero como gesto de amor del animal que asistió a su propio funeral sin que nadie le hubiera dado vela, ni de cera ni de Carlos V, uve de quinto, uve de Vela, el 'San Sebastián' nos sigue los talones, o nosotros a el, al enemigo ni agua, en todo caso.

A medio camino de su carrera en el Athletic, o tal vez ya en el primer tercio de ella, a Muniain nos referimos, río de leche y miel era el Támesis londinense de la Inglaterra del United en cuyo Teatro de los sueños un Athletic enloquecido se había dado un baño de masas, un año de misas, descendía el pico Serantes con la radio en el bolsillo y los auriculares incrustados como dos banderillas en los oídos de un toro. Había roto a sudar. Me estaba gustando. Disfrutaba de los 451 metros de desnivel positivo "del treking mio de casi todos los días danosle hoy". En las ondas viajaban las voces de una tertulia toda ella dedicada a la actualidad  del Athletic. A la izquierda, el Abra arrastrando penosamente nuestras vidas que van a dar al mar, que es el vivir...para los peces.

Al fondo, San Mames, la Catedral a nada que uno se sirva del ojo de halcón que todos escondemos detrás de la retina. Todo iba como la seda. Hasta que uno de los tertulianos saco a relucir su voz, más áspera que las cien veces remendadas redes de las sardineras que trajinaban a las puertas del Mandanga. Más ruda que pescar chicharrillos en el Patricia con hilo bala del malo.

La persona en cuestión era un hombre de rostro ajado. Ex futbolista. Ex entrenador. Ex caballero desde la tarde aquella que llevó a cabo la más vil de las celadas. Tanta 'virtud' y, sin embargo, o quizás por ella, desde que dejara los banquillos, o los banquillos lo dejaran a el, convertido en uno de los tertulianos más deseados y mediáticos de radios y televisiones. Algo tendrá la sidra cuando en Portugalete se bebía en jarrilla. Algo el, sin duda...

Iker Muniain como tema de debate. Mientras la mesa, casi de manera unánime, se gustaba en chicuelinas y dando pases de pecho a los seis toros con los que el 'potro de la Txantrea' se  había encerrado en el estudio de la emisora de aquella cadena radiofónica, he aquí que la voz discordante se alzó con una opinión muy personal que originó un 'airemoto' 4,8 en la escala del arcángel San Rafael. Callada la mesa, como a la espera. A la espera de que el tertuliano, que había encontrado, por fin, su lugar en el mundo tras carrera futbolística tan ajetreada, repitiera lo que había dicho dejando a la 'peña' pasmada: "Pues eso, lo que habéis oído: Iker Muniain, este futbolista que ponéis por las nubes, en el plazo de unos años, no muchos, tantos como le dure su habilidad para engañar a la parroquia con su fútbol de mentira, acabará arrastrándose por equipos de los diferentes grupos que la Segunda B tiene diseminados por el Estado, Estado he dicho, Estado español, nadie me pillara nunca diciendo España".

Ahora que el tiempo, ese juez soberano e implacable que quita o da razones, ha transcurrido lo suficiente  como para valorar la carrera futbolística de Iker Muniain, he aquí que el muchacho, apuesta de Joaquín Caparros, seguro de vida de Bielsa, uno de los fijos de Ernesto Valverde en las cuatro temporadas que ya están llegando a su final, se marcó el pasado viernes santo frente a la Unión Deportiva Las Palmas uno de sus mejores partidos desde que el 'bilbaíno de Utrera' lo pusiera en el verde con mucho que ganar y nada que perder. A Caparros la jugada le salió redonda. Iker Muniain despunto, cuajo, dejó poso a las primeras de cambio, quién y el, ese crío que con 14 años hubiera llamado ya mi atención en un amistoso que el Athletic había jugado en La Forida, frente al Portu. Muniain, en edad infantil, me dejo impresionado al verle trazar diagonales con el balón pegadito a su bota derecha y haciendo alarde de esa velocidad que Iñaki Williams nos tenía reservada para el momento preciso.

El viernes de pasión, banderas a media asta por "La Muerte de Cristo según el Partido Popular" hay que ver la cara más dura que tienen los herederos de la Purísima religiosidad de aquel golpista que consiguió llevarse el gato al agua y que Picasso pintara su adiós a las guerras, el viernes, fiesta por todo lo alto en San Mames amenizada por un puñado de aficionados bonachones al ritmo del "Pio-Pio", Iker Muniain, así como Luis Fernández lo hiciera con la ikurriña, toreo de lujo con su camiseta rojiblanca bordada con el escudo del Athletic Club. Si no su mejor partido al servicio de la causa de 'los onces aldeanos', cerca andaría de ello.

Camiseta bordada se ha dicho. Muniain lo bordó. Sobresaliente. Examen que se debería revisar por aquello de una matrícula de honor encubierta por depuradisimos saques de esquina y un gol de lanzamiento directo por el palo corto y a media altura, toque, toque, "Este jugador cojea a la hora de patear el cuero", cuantas veces lo escuche, y el chico no les tapaba la boca, hasta que el viernes, como si fuera un regalo que durante años hubiera estado mediatizando con sus valedores inquilinos del banquillo, le dio por obsequiarnos a sabiendas del regocijo que se provocaría en la grada.
Ver para creer: Muniain botando los saques de esquina, a pierna cambiada y de lujo. Ver para creer y festejar jubilosos: Muniain posando el esférico para ejecutar un libre directo: la rosca por fuera y a media altura superando una barrera bien colocada y sorprendiendo a un arquero que se estiró con todas sus ganas, como si despertando de una siesta de esas con pijama y orinal.

La cuestión no radicaba tanto en su pulcritud desde el banderín y en su golazo a balón detenido como en el tiempo que Iker se había demorado para escenificar golpeos tales que se le suponen a un jugador de primera división. Beñat Etxebarria. Susaeta. Ibai Gómez mientras estuvo entre nosotros. E Iker Muniain, por qué no, que le pasa a este futbolista que no es capaz de poner un pase en condiciones, lanzar un córner y ejecutar una falta, ora indirecta, ora directa con marchamo de gol.

No hubo que esperar al domingo para asistir en directo a la resurrección de Muniain en la cripta roja de una catedral a falta de feligreses. Si el potrillo de la Txantrea saca córners tocaditos y marca de cine superando una barrera bien colocada, como es que, y por qué, tanto tiempo como el que va desde su debut hasta la goleada al Las Palmas.

Habrá quien piense que los milagros existen y en Semana Santa tocaba. Habrá quien crea que el Athletic le puso un profesor particular y el aprendizaje duro lo que va desde su debut hasta la exhibición frente a los canarios del pio-pio. Valverde, superándose a sí mismo, rizo el rizo declarando, Iker tiene un golpeo magistral a balón detenido. Y como es que teniéndolo no se sirvió de él hasta la noche de autos.

Ernesto no deja de maravillarme con sus cosas de bombero. Si uno no anda errado. Si la memoria no me falla, era la primera vez que le veía a Muniain acomodando la pelota en el cuarto de círculo; la primera, también, que cogia el pelotón como si fuera suyo, "tira Muniain y mete gol". ¿Preguntar?...Para que preguntar si la respuesta no se espera. Y con respecto al tertuliano que colocaba a Iker Muniain en el Mensajero a estas alturas de su carrera, "Mejor le sería si se le colgara una piedra de molino al cuello y fuera arrojado al mar que hacer tropezar a uno de estos 'pequeños' (Lucas 17:2).

Por Luis María Pérez, 'Kuitxi'. Futbolista, periodista, montañero, pero sobre todo escritor: cuentos, relatos, cronicas, artículos radiofónicos, literatura de viajes.

@LuismaPrezGartz

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