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'"Pío pío"...Y la grada como loritos lo repetían todo'

Había una vez un circo

Escrito por Kuitxi

Sábado, 15 Abril 2017 15:56
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Esta semana escribe en ElDesmarque Kuitxi.

En el diario Gran Canario 'La Provincia', mi colega Paco Cabrera hacía, en la previa del choque vasco-canario, una disección de los dos rivales, de la UD Las Palmas en especial, digna de elogio por su capacidad de condensar en tan poco espacio tanta y certera información acerca de los valores que se pondrían sobre el verde de San Mames, un estadio elogiado, una plaza especial a la que los amarillos de Setien venían con la intención de sentar cátedra, de que su fútbol de aquellos tiempos del tiki tala de Tonono, Castellanos, Guedes, Germán, Soto y cía resurgiera como lo hacen los elegantes osos luego de su largo periodo de hibernación.

Con un 57% de media  en la posesión, 17.186 pases limpios, el cuadro 'pío pío', virtualmente salvado de la quema, llegaba a San Mamés precedido del optimista discurso de un Quique Setién que... "sabemos cómo hacerle daño al Athletic Club". El del gatillo rápido, el de la crítica rotunda y prematura dirá que la bala de plata del estilista técnico cántabro le salió por la culata.

Así como en el partido de ida Manu Sarabia se levantó su sudadera para dejar a la vista de la afición de San Mames su elástica amarilla con el escudo grancanario en el pecho, el mismo que defiende su hijo, Eder, segundo de a bordo de la nao que dirige el que compartiera equipo en Logroño con su aita, el 'Orfebre de Gallarta' por Jose Mari Mujika bautizado, en este partido de vuelta 'la Pantera Rosa' no se ha significado, quizás porque los hombres inteligentes no se sirven de la redundancia y si apelan a la inteligencia y comprensión de aquellos que aprendieron a andar en bicicleta lejos del verano, observando desde el graderio de San Mamés los movimientos y maniobras de un futbolista de seda que le hacía caños hasta al árbitro y al delegado del equipo visitante.

Viernes santo. Pasión. En su doble acepción: locos por el fútbol y dispuestos a hacer el papel de Jesucristo lejos de Balma-seda. Cría fama y échate a dormir. El Athletic es, esclavo de su fama, todo el, así en las individualidades como en lo colectivo, una cuadrilla de costaleros que se dedica a procesionar pasos tales como el prendimiento de Jesús en el huerto de los olivos y la fusta contra la carne en el patio de la fortaleza Antonina de la Jerusalén que gobernaba Poncio Pilatos.

Todo muy prosaico. Todo agresivo. La sangre que de la carne salta y vuela convertida en grumos, ora sudor en Getsemsni, ora sangre escupida que a la cara de los torturadores cae, y les nubla la vista, y les cuestiona las verdades y mentiras de la nueva era que el Nazareno estaba apuntalando con su nacimiento en Belén y su fallecimiento en Jerusalén.Un Athletic 'grande' a los ojos de una afición 'menor'

Por oposición, como oponente, el llamado equipo 'pio pio' por aquello de la onomatopeya que le es inherente a los canarios cuando son el pájaro amarillo de Mikel Laboa que siempre fueron. Quizás no me crean. Tal vez piensen que fabulo o que barro para mi casa si les digo que, a punto de iniciarse la contienda, dirigí mis ojos a la afición insular, y, leyéndole los  labios a un tierno muchacho hijo de familia guanche, sentí que decía, "Me pareció ver a once lindos leoncitos".

Fue la lectura de unos labios afortunados...y desatarse un ciclón hacia la portería que defendía Raúl Lizoain. Fue el ciclón. Fue el huracán. Fue una tormenta de fuego que amenazaba con Sodomizar y Gomorrizar el arco que atacaba el Athletic. Miraba al palomar que habitaba la afición que, cuál pajaritos, volando habían venido dejando en lo bajo las frías aguas del Atlántico y el trozo de 'balsa de piedra' que por reparto les correspondía.

Como si lo intuyeran, 'Sanjo' los golpeó en la cara y ellos pusieron la otra mejilla para que Muniain se inventara un bacalao que bien haría en patentar por aquello de los copiones y los derechos de ejecución. Iker Muniain, el 'potro de la Txantrea', viéndolo hacer las maravillas que llevaba a cabo, por portentosas y novedosas todas ellas, semejaba recién llegado de un Viaje Astral en el que le habían sido revelados conocimientos de otros mundos.

Las cosas que el crío hacia no se habían visto en todos los años transcurridos desde que Caparros lo hiciera debutar con sus 16 años de cadete. Conducía. Recortaba. Se asociaba. Nada nuevo bajo la luna gibosa de un Viernes Santo que se precie. Mas cuando empezó a acercarse al banderín para botar los saques de esquina, entendí que el muchacho nos quería regalar las visiones de un mundo nuevo que le habían sido reveladas...



Falta al borde del área. Cierto que Beñat Etxebarria no estaba. Pero si Iturraspe. Y Raúl García. Por citarles dos pesos pesados del vestuario de la Catedral. Con rosca y por la parte exterior de la barrera. Tan sorprendente como hermosa la ejecución del segundo de la noche. Pero Bigas acertó cazando de cabeza un saque de esquina. Aduriz le contestó con el tercero de los suyos. Barra libre. Noche de barracas y verbena.

Dos tipos que se encuentran en el espacio festivo y, exagerados por el vino que no habían bebido, se dicen, "Y yo más". El Athletic parecía irse cual goitibera que a tumba abierta desciende la Cuesta de las Maderas jarrillera amenazando con subirse a la barquilla del Puente Colgante y cruzar la Ria "por la jero", por la cara también conocido este modo de viajar sin aflojarse el bolsillo...

Williams, caballo desbocado, se hacía largos por  su banda cual liebre al servicio de Usain Bolt. Aduriz le leía las intenciones. Y en una de ellas, acertó desde el suelo adonde había ido a parar derribado por el 'golero' Lizoain. El Athletic buscaba un marcador de locura. Pero el destino fue compasivo con los insulares librándoles de la tunda que por justicia merecían.

El segundo acto. Más de lo mismo. Presión muy alta del Athletic que impedía la saluda del Las Palmas con el balón jugado, y les permitía a los leones robar en casa ajena, y del robo servirse para desvalijar la caja fuerte de Quique Setien en la que estaba el pergamino donde habían sido escritos con todo detalle los planes para asaltar San Mames. Firmaba Quique Setien. Firmaba, también, Eder Sarabia...

Cuando Muniain, volea perfecta desde fuera del área, anotó el cuarto, y el Zorro Aduriz empujó a la red un precioso regalo de un Mikel San José que estuvo inmenso, cual leon hambriento, desenjaulado luego de una semana sin probar bocado, habría dado un puñado de euros por saber lo que pasaba por la mente de Manu Sarabia y por lo que su corazón sentía.

Con el luminoso anunciando el mágico 5-1, los futbolistas que bregaban sobre el verde ralentizaron sus quehaceres para entregarle el protagonismo, casi por entero, a una afición, la amarilla, que empezó a regalarnos el manual completo de cómo ser goleados y no perder el sentido de la elegancia y la diversión... "Pio pio...Que bote San Mames"...Un regalo para los oídos de la afición rojiblanca. Dicen que el halago debilita.

Y fue así que la parroquia pico. Tal vez porque, por aquello de las vacaciones, el estadio, en cuanto al factor humano, se empezó a parecer más a un partido de la tricolor en Navidades que a ese otro de un Athletic que se estaba jugando su entrada en puestos europeos...

"Pío pío"...Y la grada como loritos lo repetían todo... "Hola Don Pepito"... Hola  Don José...

San Mames, definitivamente, se había convertido en los payasos de la Tele, el el circo de los Hermanos Aragon. El público, en el verde; los payasos, en la grada. "Que bote San Mames", desde el palomar canario, y San Manes botaba. Hágase la ola, y el personal la hacia. Dese la fila cuarta, silla once detrás de la portería defendida por Arrizabalaga, no daba crédito. Y si credito llegue a dar, lo solventaba con una acusada vergüenza ajena...

Asis Martín, muchas horas de vuelo haciéndole seguimiento al Athletic, aludió a la fecha, a esos carnes que por orgullo los socios no ceden al amigo; a entradas que benefician al curioso que quería saber qué cosa era el Athletic. Y el cuadro de Valverde fue la mejor versión de sí mismo. La imponente velocidad de Iñaki Wuiluans. La voracidad de un Aduriz que va de cabeza a por  el trofeo 'Zarra' por enésima vez.

El Athletic fue la horma del zapato que Valverde le hizo probar a Quique Setien, saliendo el cantabro con ampollas y juanetes en ciernes. Setien venía con números, pero Valverde le robo la palabra. Decía saber Setien como hacerle daño al Athletic, pero la libreta de sus deberes se la dejo en la terminal de Loiu. Setien creía saberlo todo. Entendía que con predicar habría de merecer el trigo de su segunda victoria fuera de su isla.

El Athletic, más discreto, dio trigo a mansalva: la mitad de su cosecha a modo de salvado en bolsas de 250 gramos. Empezando por la misma noche de Viernes Santo, casi toda la parroquia del Athletic se habrá ido a la cama antes de evacuar lo escatologico que en el intestino grueso aguarda a la espera de ese empujón que se necesita para tirar de la bomba de seguido a haberse quedado uno tan a gusto..

Viernes de Pasión en San Mames. Muchos no lo entendieron. Aquellos que convirtieron la Catedral en un Circo a la hora de los payasos. Aquellos que, haciendo la ola, profanaron el templo que la figura de Sep Maier había bendecido en el tiempo de descanso. El Athletic goleo, mientras en la grada una inmensa mayoría se regodeaba al son que la afición llegada de Gran Canaria le iba marcando en una noche en la que Iker Muniain dio ese pasito que va de cachorro a jefe de una manada capaz de destrozar a un equipo que venía a asaltar el irredente poblado de San Mames.

Por Luis María Pérez, 'Kuitxi'. Futbolista, periodista, montañero, pero sobre todo escritor: cuentos, relatos, cronicas, artículos radiofónicos, literatura de viajes.

@LuismaPrezGartz

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